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Los mercados baten records

 

Nuevos records en el mercado americano

El 22 de agosto, si la crisis de los mercados emergentes, con Turquía a la cabeza, no contamina a los mercados estadounidenses, se batirá un nuevo récord mundial.

Llevamos 3.543 días en los que el índice S&P 500 ha estado en alza sin correcciones del 20% entre 2009 y 2018, ultrapasando el anterior récord que había alcanzado en los años 90.

Para muchos inversores, esta subida es normal ya que estamos pasando uno de los peores periodos de la historia de Europa, con rescates, quiebra de instituciones, tasas de desempleo incomparablemente elevadas, guerras cambiantes, guerras comerciales e inestabilidad geopolítica. Sin embargo, quien hubiese decidido invertir en el mercado financiero, año tras año habría acumulado fabulosas ganancias, superiores al 320%.

No podemos olvidar que la década de los 90, el mayor periodo de expansión de los mercados, trajo consigo la democratización de Internet, con la aparición de empresas como Google (GOOG) o Amazon (AMZN), hoy colosos cerca del billón de dólares de capitalización.

La actual subida de los mercados financieros es consecuencia de la consolidación de esos negocios, con una particularidad: la concentración de los índices en empresas tecnológicas.

Estos récords trajeron al día a día la palabra trillón, o billón en lenguaje europeo, y no me refiero tan solo a las deudas públicas y privadas, en ese orden de grandeza. Donald Trump podrá ser conocido como el “señor billones”, porque desde que fue elegido presidente, el mercado de los Estados Unidos se valorizó en más de 7 billones de dólares.

Otro récord que se batirá este año será el del total de recompras en acciones, que también ultrapasarán el billón. La reforma fiscal estadounidense tuvo un efecto muy positivo en el mercado, ya que las empresas invirtieron parte de sus ganancias repatriadas en la recompra de acciones propias.

Para esta subida de los mercados tendremos que considerar también la diferencia de conceptos del capitalismo. En los Estados Unidos, el concepto de capitalismo tiene por base la valorización de activos. En Europa, capitalismo significa retirar el máximo del valor de la empresa en dividendos para distribuir entre sus accionistas. Esta diferencia de mentalidad soportada por la debilidad financiera de los gobiernos y accionistas origina una presión sobre la gestión de las empresas enfocada a corto plazo.

El efecto de la capitalización proporcionado por la recompra de acciones es muy poderoso cuando se compara con la distribución de dividendos, que quita dinero a las compañías.

La consecuencia a largo plazo es el fortalecimiento de las firmas estadounidenses que se autofinancian, ya sea por capitales propios, ya sea por deuda para la recompra de acciones.

El capital se junta a quien cuida de él, es decir, al mercado más líquido. Por eso no es de extrañar que, con tanto proteccionismo, guerras psicológicas, guerras comerciales y cambiantes, tensiones geopolíticas y crisis en los mercados emergentes, Trump consiga lo que muchos dudaban: la valorización del dólar, la subida de las tasas de interés, el crecimiento económico y un mercado financiero que atrae a todo tipo de inversores.

La zona euro no está preparada para guerras comerciales, mucho menos financieras, principalmente cuando tiene la necesidad de vaciar los cofres de sus empresas y contribuyentes. Trump tiene consciencia de esta debilidad, y por eso sabe que tendrá también el récord de negociaciones exitosas.