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¿Las malas noticias serán en realidad buenas noticias?

¿Porqué un dato negativo para los fundamentos macroeconómicos de un país a veces produce subas en los mercados de acciones?

 

El viernes pasado pudimos observar que se cumplió una vez más un viejo dicho aplicado al mercado de acciones: “las malas noticias son buenas noticias” (bad news, good news). ¿En qué consiste o qué explica este comportamiento paradójico?

En ciertas condiciones, los mercados financieros tienen la expectativa de que suceda algo que impulse los precios hacia arriba, es decir, un fundamento alcista, pero para que ocurra este hecho es necesario que ocurran otros hechos antes, incluso aunque estos hechos sean negativos para el mercado.

Expliquemos un poco mejor: el viernes pasado se publicaron los resultados mensuales del mercado de trabajo de Estados Unidos, confirmando tan solo 75.000 puestos de trabajo creados para el mes de mayo. Este resultado estuvo claramente por debajo de la expectativa del promedio de analistas, que apuntaba a la creación de 185.000 empleos, y también muy por debajo del resultado para el mes previo, que fueron 224.000 empleos. En condiciones normales, la creación de menos puestos de trabajo implica que la actividad económica de un país no podrá crecer a las tasas esperadas y provocaría un ajuste inmediato a la baja en el mercado de acciones. En este caso, contrariamente, el viernes las acciones de Estados Unidos subieron un 1,0%, prolongando las subas de casi 3,5% que ya acumulaban desde el lunes de la misma semana.

Pero ¿porqué un dato negativo para los fundamentos macroeconómicos de un país produce subas en los mercados de acciones? O, en otras palabras, ¿por qué una mala noticia se convierte en una buena noticia? La respuesta está en que el mal resultado del mercado laboral de Estados Unidos incrementó la probabilidad de que la Reserva Federal (FED) recorte la tasa de interés, lo cual, en última instancia, es el fundamento más importante para el mercado de acciones.

Durante los primeros días de mayo, cuando la Guerra de Aranceles retomó abruptamente prioridad y provocó serias caídas en el mercado de acciones, Trump había indicado mediante Twitter: “(…) si la Reserva Federal alguna vez hace lo mismo que China (reducir la tasa de interés), sería el final del juego, ganaríamos”. Esto se había interpretado como uno de los tantos intentos de Trump de presionar a la Fed para mantener su política monetaria expansiva, y no había tenido mayores impactos sobre el mercado.

Todo cambió drásticamente, sin embargo, el martes de la semana pasada, cuando Jerome Powell, presidente de la Fed, declaró en un discurso que “la Fed actuará apropiadamente para sostener la expansión económica”, lo cual fue rápidamente interpretado como que la Fed recortará su tasa de interés de referencia. Desde ese día en adelante, las acciones de Estados Unidos, medidas a través del índice Standard & Poor’s 500, se incrementaron más de un 5%, poniéndose nuevamente a un paso de los máximos históricos, como puede verse en la gráfica más abajo.

Fuente: DIF Markets

A partir de ahora, entraremos en un período donde cada resultado macroeconómico que se reporte para Estados Unidos deberá ser considerado desde esta doble perspectiva: si es malo para la economía, tal vez sea bueno para presionar a la Fed a bajar la tasa de interés, por lo cual resultará alcista para las acciones.

De todas formas, creemos que las posibilidades de reducciones de la tasa de interés por parte de la Fed deben tomarse con precaución, tal como indicó Goldman Sachs esta semana, sosteniendo que, a pesar de que los mercados de futuros apuntan a una probabilidad de 70% de recorte de la tasa en julio, ellos no esperan que la tasa sufra ajustes durante 2019, lo cual demuestra que no existe unanimidad al respecto.