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La importancia de la innovación a la hora de invertir en acciones

Cuando se trata de invertir en acciones, la capacidad de innovación de la compañía es un factor de éxito determinante. Existe un amplio consenso al respecto de la importancia de esta variable; sin embargo, muchas veces es difícil en la práctica seleccionar las empresas más innovadoras en el mercado. Señalamos algunos puntos clave para invertir con éxito en acciones de este tipo.

Disponibilidad de recursos y voluntad de innovación

A la hora de seleccionar compañías innovadoras, pueden aplicarse diferentes enfoques a la materia. Un punto central es la relación que existe entre el tamaño de la firma, su posicionamiento de mercado, y su capacidad innovadora.

Las empresas más grandes cuentan con mayores recursos para invertir en investigación y desarrollo de productos, lo cual obviamente tiene una relación directa con el grado de innovación del negocio. Habitualmente se analiza el gasto en investigación y desarrollo como porcentaje de la facturación del negocio. Si dos compañías en el mismo sector invierten 10% de sus ventas, pero una factura el doble que la otra, la empresa más grande cuenta con el doble de capital disponible para investigación y desarrollo.

Otro punto saliente es de la capacidad para adquirir nuevas compañías con productos innovadores. Por ejemplo, en industrias como consumo masivo, salud y tecnología, es muy habitual que las firmas más grandes adquieran jugadores pequeños que puedan representar un aporte importante en términos de capacidad de innovación.

En este caso, el tamaño del negocio es una ventaja clave a la hora de tener acceso a los recursos financieros necesarios para realizar la adquisición. Además, el posicionamiento estratégico de la compañía más grande puede generar mucho valor.

Por ejemplo, cuando Coca-Cola (KO) compra una pequeña empresa de bebidas saludables, o cuando Johnson & Johnson (JNJ) compra un pequeño laboratorio con medicamentos prometedores, la firma de mayor tamaño puede comercializar esa bebida o medicamento en una enorme red de ventas, capitalizando su presencia global y su escala de logística y distribución. Además, la compañía más grande puede potenciar esos productos con agresivas inversiones en marketing y publicidad que una empresa más pequeña no está en condiciones de realizar.

Por otro lado, si bien la capacidad de innovación muchas veces se ve favorecida por el tamaño del negocio, la voluntad para innovar agresivamente suele observarse con mayor frecuencia e intensidad en compañías pequeñas.

Las empresas grandes muchas veces han construido su éxito en base a productos, enfoques y estrategias que resultaron innovadores en el pasado. Por lo tanto, tienen habitualmente incentivos para proteger su negocio frente a la presión innovadora de la competencia. Así las cosas, en las firmas grandes suele primar una mentalidad defensiva y conservadora, la cual no favorece para nada a la innovación.

En el mismo sentido, el impacto de la innovación exitosa muchas veces se siente en mayor magnitud en una compañía de menor tamaño. Un nuevo producto con una facturación de 50 millones de dólares implica un crecimiento del 50% para una empresa que estaba facturando 100 millones antes del lanzamiento. En cambio, para una compañía con una facturación anual de 1000 millones de dólares, ese nuevo producto innovador representa un incremento de solo 5% en la facturación.

En conclusión, si bien los líderes de mercado suelen disponer de mayores recursos y facilidades para innovar, lo más habitual es que la innovación exitosa y transformadora se de con mayor frecuencia en compañías pequeñas que están dispuestas a asumir riesgos para ganar mercados y clientes.

La importancia de la cultura y el liderazgo corporativo en materia de innovación

Relacionar a la innovación con el tamaño de la empresa y su posicionamiento de mercado puede brindarnos solo algunas aproximaciones interesantes. En el fondo, la verdadera medida de la capacidad de innovación de una compañía está dada por la cultura de la organización y la visión de su equipo de liderazgo.

El caso de Netflix (NFLX) puede ser un ejemplo paradigmático al respecto. En el año 2011, la compañía se había convertido en un líder de mercado en el negocio de alquiler de DVDs gracias a su exitoso modelo de negocios basado en membresías. Sin embargo, su equipo directivo creía que el streaming online sería el futuro de la industria, si bien las posibilidades tecnológicas en aquel momento de la historia eran bastante limitadas.

En aquel entonces, apostar al streaming online implicaba herir de muerte al principal negocio de Netflix a cambio de una oportunidad de crecimiento en un negocio que presentaba enormes desafíos técnicos y comerciales.

En palabras de Red Hastings, fundador y CEO de Netflix:

“Mi mayor temor en Netflix ha sido que no seamos capaces de dar el salto desde el éxito en DVDs al éxito en streaming. La mayoría de las compañías que son muy buenas en algo no se convierten en muy buenas para otra cosa, porque tienen miedo de afectar su negocio inicial. Eventualmente, estas empresas reconocen su error de no enfocarse lo suficiente en los temas nuevos, y luego la compañía lucha desesperadamente por recuperarse. Las firmas raramente mueren por moverse demasiado rápido, y frecuentemente mueren por moverse demasiado despacio”.

El final de la historia es conocido: Netflix es hoy en día el líder mundial en streaming de video, lo cual ha beneficiado enormemente a los accionistas en la compañía. Sin embargo, no debe perderse de vista el riesgo que implicó en su momento apostar a un modelo de negocios mucho más arriesgado e innovador.