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¿Hasta dónde estás dispuesto a arriesgar?

 

El riesgo y la realidad: la clave del éxito del investidor

Hay una gran diferencia que separa nuestra percepción del riesgo de la verdadera capacidad de asumir pérdidas. Este sentimiento es transversal a lo largo de toda una vida, pero es más significativo en los mercados.

Cuando se le pregunta a un investidor cuál es su tolerancia al riesgo, incluso con ejemplos de pérdidas, inconscientemente la respuesta es siempre un grado de riesgo inferior a la realidad.

Una persona que confronta con una pérdida real del 10% o del 20%, tendrá una reacción más temida que si la pérdida fuese virtual y presentada en un cuestionario.

Es muy importante tener en cuenta que los mercados financieros están en máximos históricos, y deben continuar siendo soportados ya sea por el crecimiento económico como por las políticas de los bancos centrales.

Sin embargo, deberemos ver una subida de la volatilidad a partir de riesgos políticos, guerras comerciales, riesgos económicos (relajación del crecimiento) y riesgos sociales provenientes de un enorme aumento de la desigualdad social.

De esta manera, siempre debemos diferenciar la inversión de la especulación, y para eso, el investidor debe tener las dos cuentas separadas.

Una de estas cuentas debe buscar inversiones de largo plazo, diversificar y no tener como preferencia más de un 10% concentrado en un solo activo, ni más de un 25% en un sector específico. Además de eso, si es una cartera de inversión para la reforma, para el pago de la universidad o proyectos de largo plazo, no debe tener productos complejos, con apalancamiento, a no ser que sean utilizados para protección del tipo de cambio o cobertura de otras posiciones.

En este tipo de portafolios, el investidor no debe proceder a un análisis diario, puesto que caerá en la tentación de realizar ajustes que no son compatibles con una estrategia de largo plazo. Una parte del portafolio debe estar aplicada en bonos, incluso con tasas bajas, ya que esto permite garantizar la preservación del capital.

La segunda cuenta puede ser considerada de mayor riesgo, especulativa, con análisis diario o incluso más de una vez por día, y para este caso sí que pueden ser utilizados productos complejos, como futuros y CFDs de acciones e índices. Sin embargo, solo se debe tener una cuenta de esta naturaleza si hay una cantidad de ella que se está dispuesto a perder, y sin la cual su dueño pueda dormir tranquilo.

El factor emocional debe ser colocado a un lado, ya que uno de los peligros es que las cuentas de mayor riesgo pierdan dinero, y el investidor intente recuperar las pérdidas por una cuestión de confianza o ego, drenando los recursos de sus propios ahorros de largo plazo para cuentas especulativas.

Un stop loss debe ser siempre respetado y no contrariado, ya que puede llevar a pérdidas totales.

Como vemos, la diferencia entre percepción y realidad puede ser la clave del éxito de un investidor.